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15 abr. 2017

La prueba

Cándido Portinari


    Hoy me saqué un moco. No sabía que se podían hacer tantas cosas con eso. Me lo arranqué de la nariz metí el dedo bien adentro, ustedes sabrán más que yo y fui amasando con mis dos dedos una pequeña bola que al principio era pegajosa, y luego adquirió elasticidad y se desprendía fácilmente de la piel. Con esto quiero decir que no se me pegoteaba en los dedos como los dos anteriores que me saqué en la hora de lengua. El moco es bastante verde y tiene algunas arterias, por así decirlo, que lo atraviesan como a un corazón. Es como si te hubieras sacado el corazón, me dijo Paula, mientras espío por arriba de sus hombros que la señorita no me rete por no prestar atención. Está explicando todas las precauciones que debemos tener en cuenta a la hora de hacer la prueba. Lo ideal sería pegarlo debajo del banco, pero ¿y si se dan cuenta? Todo el esfuerzo que hice para mantener mis notas y para ser la abanderada del curso, además de la mejor compañera (tengo dos diplomas que mamá hizo encuadrar y les cuenta a todas las personas que visitan la casa no son muchas— que su hija es esto, que su hija es lo otro), va a ser en vano si la señorita me ve con el moco en las manos. Bueno, podría pegárselo a Esteban en su guardapolvo, total él casi nunca presta atención y me importa poco lo que pueda decirme, si se da cuenta. Paula, no te voy a mostrar el moco, ahora no puedo, date vuelta que la señorita nos está mirando. Bajo el brazo izquierdo por debajo de mis piernas y sigo amasando, en silencio, esa masa ahora grisácea que ahora es el moco. Cada tanto lo miro de reojo, como si fuera mi bebé. Es mi primer moco en toda la escuela, en toda mi vida, por eso lo estoy escribiendo, si no, les hablaría de otra cosa. La primera vez que vi a alguien no sólo sacarse un moco sino también llevárselo a la boca como si fuera un caramelo fue a Alicia. Durante el acto por el día de la bandera. Ella sí que sabe cómo actuar en estas situaciones. Alicia iba a sexto y yo a cuarto. Durante los recreos nos juntábamos a hablar mal de las otras chicas. De los chicos no hacía falta porque ellos mismos eran unos idiotas, pero nuestras compañeras siempre competían con nosotros. Alicia me contó en un recreo que vivía con su mamá, sus hermanos y el novio de su mamá, un señor “fracasado” que tiene once hijos, y esto lo dijo ella, yo no hablo mal de los padres porque el mío murió el mes pasado, de cáncer de pulmón. Y eso que no fumaba. Alicia siempre me escuchó en los recreos pero no pude contarle lo de papá, sólo hablábamos de su padre. Yo a mi papá lo extraño mucho, por eso ahora quiero tomarme revancha contra todos y pegar este moco en el banco. Si me mandan a la dirección a firmar el libro de disciplina, qué me importa, total Facundo ya fue. Él es tan lindo. Y casi nunca tiene que estudiar para sacarse buenas notas; no sé cómo no me gana la bandera. Es el único que se parece a una chica. Esteban me dijo que los chicos del grupo piensan que es marica, pero yo creo que solamente le gustan cosas diferentes a ellos. Es tímido y dulce. Vino a casa con su mamá cuando mi papá murió y hablamos bastante. Me trajo flores rosas y azules de plástico. Después jugamos un rato al Life y me contó que quería construir puentes cuando fuera grande. Y manejar aviones. Le dije que primero tenía que aprender qué era un modificador directo, y los dos comenzamos a reírnos. Ay, es tan lindo. Pero no se anima a decirme nada. Ese día, su mamá lo llevó del brazo y le dio un par de órdenes. Creo que es ella la que lo tiene así. Si tuviera un padre, capaz se comportaría de otra forma. Me sentiría mejor si Facundo fuera mi cómplice en este momento en que pego el moco debajo de mi banco, pero no puedo, no sin alguien que sea cómplice. Paula me aburre, siempre se cuelga de mí, no hace nada original, siempre soy yo la que hace los chistes o las bromas. Pero eso sí, como me dijo papá, tengo que estudiar y tener buenas notas para ser una buena persona. Cuando la señorita me entregue la prueba, le voy a pasar el moco por su guardapolvo. Si total, ella siempre viene de buen humor y no va a creer que fui yo. Seguro piensa que fue Esteban o Claudio, que no vienen más que a calentar el banco, como les dijo la señorita de plástica el otro día.

    Hoy tenemos prueba de matemática y estuve una semana estudiando. Cómo despejar la x y ecuaciones de segundo grado. No es tan difícil; lo difícil va a ser pegar el moco en el guardapolvo de la señorita sin que nadie se dé cuenta. Miro por la ventana y veo cómo el sol entra hasta el escritorio de la señorita. Ahora se acerca, pasa banco por banco. Grupo A, grupo B, grupo C. Tres evaluaciones distintas. Igual puedo hacer las tres, si quiero. Ya sé, si se da cuenta de lo del moco, le digo que le hago las tres evaluaciones, ya está, viste que para algo sirve la matemática. Romero, guarde su carpeta debajo del banco; Villorio, Villa, ¿quieren que les ponga un 1 y llame a sus padres? Pobrecitos, ojalá me dijera así a mí. Le diría: “Sí, señorita, llame a mi padre y dígale que yo también quiero hablar con él, dígale que lo extraño y que me dé un abrazo antes de irse de nuevo”, porque me dijeron que nadie puede volver de la muerte, pero a veces pienso que papá sí podría, él podría hacer cualquier cosa. ¡Pereyra, siéntese bien, por favor! Pereyra es lo peor del curso. Me corre una sensación de alegría cada vez que lo retan. En el recreo le dicen “el mondongo”. Durante la hora de geometría se dedica a clavarles el compás a sus compañeros. Amaso el moco. La señorita se acerca. Su sonrisa apuntándome como una pistola en la cara me asusta. Disimulo. Su evaluación, Cavalcante. Cuando da la media vuelta, estiro suavemente la mano y le pego la masa gris y gomosa que ahora es mi moco, el primero que me saqué en mi vida. Se da vuelta, la señorita. Mira con los ojos exaltados para todos lados. Seguro piensa que alguien quiso o que alguien efectivamente le tocó la cola. Parece aterrorizada. El moco, de hecho, está en su muslo izquierdo. Va hasta el escritorio y antes de sentarse pasa su mano derecha por los pliegues del guardapolvo y el encuentro entre el moco y su mano ya es inevitable. Las ecuaciones no son difíciles, puedo hacerlas en media hora.  



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